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Dicen las estadísticas que de cada diez personas solo una se siente como pez en el agua hablando en público. Pues esto va para esas nueve que sienten nervios a la hora de exponer o subir a un escenario. Si tú eres una de ellas quiero proponerte un ejercicio tan sencillo como rápido y útil:

  1. Grábate con tu móvil haciendo un ensayo delante de la cámara como si estuvieras en el momento de tu charla y sitúate mentalmente en ese instante para intentar reproducir los nervios que vas a sentir. Comienza a hablar despacio durante unos 3 minutos.
  2. Mira el vídeo sin volumen, fijándote en tus gestos y movimiento. Descubrirás que es mucho más fácil darse cuenta del lenguaje no verbal si no escuchamos la voz y que hay una serie de movimientos que tienen un gran peso en tu discurso, aunque ni tú ni el público os deis cuentas, mayor incluso que el lenguaje verbal.

Si en la grabación detectas, por ejemplo, que te abrazas o te das palmaditas en las piernas es que te estás dando ánimos e interiormente te dices: ¡venga, tú puedes!

En el caso -muy común- de que te cruces de brazos o piernas, simple y llanamente te estás protegiendo de los demás. La razón es que tienes cierto miedo con respecto al resto y te cierras.

Si bailas mucho en el sitio o te balanceas hacia delante y hacia detrás, o si miras al infinito, suelen ser síntomas de intranquilidad.

Con la grabación te podrás dar cuenta también de si tu lenguaje corporal es exagerado o descontrolado y nervioso en algún sentido. Algunos síntomas de ello son reproducir el movimiento de lavarse las manos, moverlas todo el tiempo, tocarse mucho el pelo…

En caso de que detectes este tipo de movimientos, haz dos o tres respiraciones abdominales completas y sigue practicando hasta que delante de la cámara tus gestos sean tranquilos y naturales. Prueba a contener los gestos empezando con las manos en la espalda. Una vez que hayan pasado los primeros segundos, y que te notes más acostumbrado/relajado al escuchar el sonido de tu voz, saca las manos y déjalas más libres de manera que apoyen y refuercen tu mensaje.

Nuestro cuerpo también tiene memoria y al igual que con tu mente practicas el texto, con el cuerpo practicas la calma.

Hay otros gestos que te muestran tranquilo y te ayudan a encarar la presentación con calma, como estar con los pies bien anclados a tierra, la espalda derecha y los hombros hacia atrás, en una postura recta pero cómoda que indica confianza y solidez.

Si estás a gusto hablando en público, provocarás en la audiencia las ganas de escuchar. Tanto si estás relajado al hablar en público como si no, piensa que tu actitud es como un virus para el público, es contagiosa, pero ten en cuenta que tu sonrisa también, y tu energía y tu pasión, por lo que: con una práctica suficiente y dosis altas de positividad y energía, tendrás el antídoto perfecto hasta que le digas Adiós al miedo escénico definitivamente.

Espero que este sencillo ejercicio te ayude a practicar de forma eficaz y la próxima vez que tengas que hablar sientas que eres 100% tú.

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