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Traducción del artículo de David Carbonell, Ph.D. Anxiety Coach http://www.anxietycoach.com/

El miedo a hablar en público es el más común de todas las fobias. Tanto es así que provoca no solo para quien lo sufre una gran preocupación sino unos niveles de ansiedad que pueden llegar a provocar un ataque de pánico. La manera en la que muchas de las personas lo combaten es tratando de protegerse de dicho miedo. Es decir, evitan hablar en público o combaten esta situación como pueden cuando no les queda otro remedio que hacerlo. Sin embargo cuando se actúa así lejos de ayudarse provocan un pánico más crónico y perjudicial.

En casos en los que esta fobia existe desde edades tempranas, con tal de no tener que hablar en público, quienes la sufren escogen una carrera en la que no haya que hacerlo o puestos que no son los que les gustaría. Son infelices. Otros no llegan tan lejos, pero hacen lo indecible para no tener que hacer presentaciones o incluso llegando tarde a la reunión si fuera necesario para no pasar por ello.

Después está el caso de aquellos que a sabiendas que hablar en público es básico para su carrera, superan ese miedo centrándose en no sentir miedo. Se concentran en lo que sienten, en lugar de en el mensaje. Esto suelo ocurrir con personas cuyo miedo se desarrolló más tarde en la vida y las cuales, superado el mismo, llegan a ser un ejemplo a seguir.

El truco

El miedo a hablar en público se basa en el mismo truco de pánico que otros miedos y fobias. La gente quiere librarse de la ansiedad de hablar en público antes de hacer nada más que hablar usando métodos que en realidad lo acrecientan . Cada paciente que acude a mí buscando ayuda por lo general espera que lo primero que haga es ayudarle a librarse de su ansiedad y después salir a hablar porque el problema está resuelto. Y esta predisposición es un mero engaño.

Prueba este ejercicio

Piensa en lo que haces (en el esfuerzo) durante un discurso para sentir menos miedo. ¿Qué haces cuando te esfuerzas por controlar el miedo a hablar en público? Tómate un par de minutos para responder y anota todas las respuestas que vengan a tu mente. A continuación dime ¿qué hay en tu lista? Seguramente habrán surgido algunas de estas respuestas:

  • Leer el discurso.
  • No mirar a la audiencia.
  • Decirlo deprisa.
  • Saltar partes de mi charla.
  • Oír el diálogo interno de “ya queda menos”.
  • Imaginarse al público en ropa interior o desnudos.
  • Toser o fingir dolor de garganta.
  • Utilizar gran cantidad de diapositivas.
  • Apretar los puños bajo el atril.
  • Tragar saliva para asegurarse que se pueden beber líquidos.
  • Que un compañero haga la mayor parte de la conversación.
  • Usar la camisa de la suerte de cada uno.

Cuando leo alguna de estas frases una de las cosas que les pregunto a mis pacientes es ¿cómo crees que esto ayudará a controlar la ansiedad de hablar en público? Así que como si tú también fueses uno de ellos déjame preguntarte tu opinión. Tómate un par de minutos e identifica de qué manera crees que estas respuestas te ayudarán de verdad. Anota las respuestas y sigue a continuación.

¿Qué piensas?

Estas respuestas son las que casi todos mis pacientes dicen al llegar aquí. Sus estrategias cuando están hablando en público están diseñadas para:

  • Acabar lo antes posible
  • Evitar pausas o interrupciones.
  • Evitar el contacto visual con el público
  • Ocultar el hecho de tener miedo

Todas estas fórmulas en realidad implican esfuerzos para luchar contra la ansiedad de hablar en público así como para hacer el papel de orador, evitando así demostrar las habilidades que se le esperan a un orador.

No seas el no-orador

Hay quienes en lugar de asumir el papel de orador se convierten en todo lo contrario, en el antispeaker creando más problemas. El resultado de esta resistencia es, por lo general, es que se aumenta el miedo a hablar en público, justo lo contrario de lo que se pretende.

Hablar corriendo

Querer acabar pronto es hablar rápido y por lo tanto interferir con la respiración. En lugar de respirar cómodamente se pasa a respirar de una manera corta y poco profunda, o incluso a contener la respiración. Esto le da la sensación de quedarse sin aire y no poder respirar, un temor común en esta situación que aumenta en gran medida el miedo a hablar en público. Todo este apresuramiento reduce la posibilidad de que el público pueda disfrutar del discurso. Se crea una barrera no solo con la audiencia sino con uno mismo al aumentar el miedo. Cuanto menos conexión  se sienta que hay con ellos se sentirá más ansiedad.

Ignorando a la audiencia

Otra técnica que se usa mucho es la de ignorar al auditorio creyendo que así disminuirá la ansiedad del habla. Sin embargo el evitar el contacto visual con el público impide darse cuenta de cualquier reacción de la audiencia, tales como saber las que parecen más interesadas, o si tienen preguntas. Cuando no se tiene contacto audiencia uno se centra tanto en sus propios pensamientos que estos a bien seguro serán aún más negativos y poco realistas. ¿El resultado? Más, y no menos, miedo a hablar en público.

Luchar para ocultar el miedo

Quien acude a esta técnica crea el miedo adicional de ser “descubierto” como una persona nerviosa lo cual acrecienta la ansiedad de hablar en público que ya se experimenta. Además tiene otro efecto secundario negativo. Después de haber dado un discurso, incluso si ha ido bien, no es fuente de orgullo ya que en vez de centrarse en el éxito se concentra en el pensamiento de: “si supieran el miedo que tenía, pensarían mal de mí.” Todo esto lo digo porque he trabajado con muchos empresarios de éxito que debido a su deseo de mantener el secreto de su miedo a hablar en público y a pensar que estaban “engañando a la gente” nunca sintieron satisfacción de su trabajo. La única manera de progresar en todos los casos ha pasado por el hecho de ver que a quienes tenían que dejar de engañar era a ellos y no a la audiencia.

Romper el círculo vicioso

El miedo a hablar en público se supera poniendo en marcha un plan basado en tres elementos básicos: aceptar el miedo, ser consciente de él y la voluntad de llegar a ser un orador en lugar de un no-orador.

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