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El momento en el que uno se pone delante del público y empieza a hablar es fundamental ya que:

  • Como dijo Groucho Marx, “nunca tendrás una segunda oportunidad de causar una primera buena impresión”,
  • La audiencia se contagia de las emociones del que habla,
  • Con las primeras palabras se genera un ambiente específico y uno se “juega” el conseguir o no la atención de los asistentes.

Por todo ello conviene preparar muy bien esas dos o tres primeras frases y ensayarlas mucho, unas 20 o 30 veces. Deberíamos saberlas de memoria y no necesitar ningún soporte para el comienzo.

Lo habitual es saludar, agradecer al público su asistencia y a los organizadores la oportunidad de participar en ese foro, pero ¡ojo!, estamos acostumbrados a los inicios de actos oficiales y estos son muy aburridos, con agradecimientos larguísimos a las personas “importantes” presentes en la sala; en entornos no oficiales, es más habitual entrar directamente en materia o que el saludo tenga un toque especial o de humor.

Para comenzar, por tanto, podemos utilizar:

1. Una pequeña broma. 

Esto le gusta a muchos ponentes porque relaja el ambiente y produce una cercanía entre el que presenta y los que escuchan. Si uno decide utilizar esta opción, tiene que estar muy bien ensayada y probada con varias personas para asegurarnos de que se ríen, no hay nada más triste que una broma seguida por un gran silencio.

También se la podemos tomar prestada a algún buen cómico.Mira este ejemplo de David “el guapo” (Hasta el minuto 00:33).

Reírse de uno mismo suele dar buen resultado… Para romper el hielo se puede hablar de los nervios ya que nos ayuda a reírnos de ellos y genera empatía en la audiencia:

  • Estoy más nervioso que Marco en “Sorpresa, sorpresa”. Si aparece mi madre por el pasillo me da un infarto.
  • Ya sabéis que no es malo estar nervioso, lo malo es que se note, así que si veis que mis manos tiemblan, disimulemos todos…
  • Dicen que el dinero no da la felicidad pero aplaca los nervios. ¿A alguien le sobra un poco de dinero para aplacar los míos?
  • En este momento me gustaría ser como Robocop y tener los nervios de acero.
  • Esta presentación es como el buen café: con aroma, buen sabor y… me pone de los nervios.

Y, aunque es cierto que decir algo así ayuda a exorcizar los nervios y crear un ambiente cordial, uno de mis lectores, Diego Vargas, me decía que cómo casaba eso con lo que otras veces comento de no mostrar los nervios.

En realidad no importa en absoluto reconocer que uno está nervioso, la audiencia lo va a entender, pero si “señalo” mis nervios, las personas que escuchan van a estar más pendientes de si se me notan (si me tiembla la voz o las manos, etc.) que de lo que diga, por lo que distrae y, con lo difícil que es mantener la atención, no sé si es del todo recomendable, dependerá de si esa frase me sirve para sentirme más tranquilo y a partir de ahí captar la atención o de si distrae. Creo que cada uno, en función de cómo se sienta puede elegir una opción u otra.

También se puede empezar con:

2. Una cita de alguien de reconocido prestigio.

Os pongo un ejemplo, podría empezar así:

Como dijo George Bernard Shaw, “La estadística es una ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno.” Por eso, aunque a lo largo de la presentación utilice datos, me gustaría que diéramos también importancia a la idea que os quiero transmitir, que es: tal y tal…

3. Planteando una idea sorprendente…

…o muy loca o muy complicada, y luego decir algo del tipo: Nooo, es una broma, en realidad voy a hablar de algo mucho más cotidiano, algo que nos afecta a todos de forma mucho más cercana: tal y tal

4. Creando una atmósfera determinada

Como por ejemplo un poco angustiante, hablando de los problemas actuales, de una mala situación económica y luego darle la vuelta para enfocarnos en lo positivo: diciendo “pero esto puede cambiar, y ese cambio puede empezar hoy mismo. Ahora”

O tal vez me interese hacer lo contrario, si por ejemplo quiero vender un seguro o soy un político en la oposición puedo empezar diciendo que las cosas van bien, que todo es muy bonito… PERO lo que sea que quiera transmitir…

5. Un pequeño vídeo

Las personas que se sientan muy inseguras, después de la frase inicial pueden poner un pequeño vídeo de entre 30 y 60 segundos que refuerce la idea que se ha enunciado o que dé pie a introducirla. Eso les dará tiempo de acostumbrarse a la tarima o al escenario y a mirar a las personas con calma.

Pero hagamos lo que hagamos, es muy importante entrar en la sala con seguridad y empezar a hablar de forma positiva y entusiasta, ya que el público se contagia de nuestras emociones y nos da seguridad (aunque no lo sintamos del todo); nuestra sonrisa es contagiosa para la audiencia y si la utilizamos, nos mirarán con mejores ojos.

Ten en cuenta que es conveniente que la introducción sea breve, en torno a un 10% de todo el tiempo disponible. En ella, debes dejar claro de lo que vas a hablar, por qué vas a hacerlo y tu tesis o idea principal. Si la presentación va a ser larga, en la introducción conviene incluir un pequeño guión indicando las partes de la charla para que las personas sepan en todo momento dónde están y cuánto falta.

Si consigues hacer una introducción atractiva y amena y tienes una actitud entusiasta, captarás la atención de los asistentes y una vez conseguido eso, será más fácil mantenerla el resto de la charla. 

Notebook Natalia

 

 

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