Seleccionar página

Gonzalo Álvarez Marañón es uno de los grandes expertos en comunicación de España además de un excelente conferenciante. Procede del mundo de la investigación: un ingeniero y criptólogo que ha trabajado en el CSIC.

¿Te consideras introvertido o extrovertido? ¿Has cambiado en este aspecto a lo largo del tiempo?

La verdad, yo diría que toda mi vida he sido más bien extrovertido, incluso un poco histriónico. Fíjate que en el colegio yo era ese típico niño empollón y repelente que se ofrecía a salir a la pizarra a cantar o a dar la lección voluntariamente, ¿te imaginas? ¡Voluntariamente!

¿Siempre se te ha dado bien hablar en público?

Casi mejor dejémoslo en que siempre me ha encantado compartir en público: desde contar chistes e historias, hasta hablar sobre los temas que me apasionan con el fin de inspirar un cambio en quien me escucha: lo que busco es que se lleven ideas nuevas, que salgan con sus emociones cambiadas, en definitiva, que sus acciones cambien para producir un efecto positivo en sus vidas, por pequeño que sea. Aunque sea infinitesimal, pero que deje una huella positiva.

¿En qué cualidades tuyas te has apoyado para realizar tus conferencias?

Yo veo que en una conferencia deben conjugarse un buen número de factores para que de verdad aporte valor al público: por un lado, su contenido debe ofrecer ideas valiosas; por otro lado, el diseño de los elementos visuales debe convertirse en un aliado de la comunicación en lugar de en un obstáculo; por último, la puesta en escena debe ser apasionada, dinámica, empática.

Mira tú por dónde, ahora, echando la vista atrás, me doy cuenta de que llegué a las presentaciones con los deberes hechos. Y es que de niño me encantaban justamente esas tres cosas: leer y aprender; dibujar; y contar historias y chistes. Esos fueron mis pilares para luego aprender a desarrollar contenidos, diseñarlos de forma atractiva y contarlos de manera amena.

¿Qué es lo peor que te ha sucedido en público?

Aún me acuerdo, qué horror. Tenía 14 años, estaba en 1ª de BUP. Esas navidades, me regalaron un órgano de dos teclados y pedales. En febrero se celebraba en mi instituto el festival musical. Y con la inconsciencia de la edad, no se me ocurrió otra cosa que ofrecerme a salir a tocar el órgano delante de 200 alumnos y 20 profesores. ¡Hice el mayor ridículo de mi vida! Date cuenta que yo no llevaba ni un mes de práctica con el órgano. No tenía ni el aplomo ni la técnica para interpretar los dos temas que elegí. En casa no me salían ni tan mal. Pero luego el día del festival, allí solo con mi órgano traído desde la capilla, en un escenario enorme y vacío, comprendí de repente mi error. ¡Pero ya no había marcha atrás! Qué calvario. Las manos heladas y sudorosas me temblaban, a mitad de canción me perdí en la partitura y no sabía cómo volver ni mucho menos cómo improvisar, … En fin, más mal que bien, di por acabado el tema. Se hizo un silencio sepulcral. La gente no sabía si reír, llorar, aplaudir o salir corriendo. No recuerdo haberlo pasado tan mal jamás en mi vida. Mirando el lado bueno, aprendí que no tiene sentido afrontar retos para los que no estás medianamente preparado.

En tu último libro El superhéroe de las presentaciones hablas de convertirse en un arma de persuasión masiva, ¿de qué forma crees que nuestra comunicación incide en nuestro futuro profesional?

La comunicación es tu forma de abrirte al mundo y de relacionarte con los demás. Es importante recordar que no comunicas sólo con tus palabras. ¡Comunicas con todo tu ser! Así como comuniques, así te tratarán los demás. No basta con ser bueno, además hay que parecerlo. Hay que saber venderse. Hay que atreverse a pedir, que no dé vergüenza: pedir un aumento de sueldo, pedir un ascenso, pedirle salir a una persona que nos gusta. Al final, el día a día es pura comunicación. Los que más medran no siempre son los mejores cualificados, sino los que mejor imagen comunican a las personas adecuadas.

¿Tienes algún ritual, amuleto, manía… a la hora de subirte a un escenario?

No sé si llamarlo así, pero es cierto que antes de subir dedico unos minutos a hacer respiración abdominal. Y si me es posible, paso los minutos anteriores caminando por el recinto o los alrededores. Me ayuda a canalizar los nervios y centrarme en mi mensaje y en la audiencia.

¿Qué consejo le darías a alguien que tiene miedo a hablar en público?

Que lo afronte, que haga aquello que le da miedo, que no lo evite. Enfrentarse a situaciones que temes conduce con el tiempo a una reducción de tu temor. Recomiendo crear una jerarquía de exposiciones: un listado de situaciones temidas ordenadas por rango desde la más difícil a la más sencilla. Lo habitual será empezar por practicar los aspectos de la parte más baja de la jerarquía una y otra vez, hasta que esos factores ya no provoquen ansiedad. Luego, paso a paso, se practican aspectos más complejos hasta que todas las situaciones de la lista puedan llevarse a cabo sin la menor ansiedad. Es como la exposición gradual a pendientes cada vez mayores y pistas cada vez más estrechas en el esquí.

¿Qué profesionales o personajes públicos te parecen buenos comunicadores?

Fernando Botella, Alejandro Hernández, Anxo Pérez, Mago More, Sebastián Álvaro, …. Por fortuna, en España contamos con un gran número de ponentes de primera.

¿Qué pregunta te gustaría hacerles?

¿Cuál es tu peor miedo antes de una presentación?

El éxito en comunicación es para ti (en una sola palabra):

VALOR (en el sentido de aportar valor a la audiencia).

Gonzalo y su equipo tienen un excelente material y varios cursos para mejorar tus presentaciones en: El arte de presentar.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies

Pin It on Pinterest